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El Sevilla sobrevive al cansancio en Cádiz

Rakitic y el resto de sevillistas celebran la victoria.

El Cádiz jabeaba, esquivaba, desgastaba a un rival teóricamente superior. El intercambio de golpes era una locura para los de Cervera, por eso plantearon un partido largo, intenso, con insidia. Buscando las secuelas europeas, los kilómetros de más, el desorden. La presión entusiasta del Cádiz incomodó a un Sevilla que pretendía jugar pausado, oxigenarse, dosificar las fuerzas. Lo consiguió durante buena parte del tiempo, incluso se adelantó en el marcador, pero al final dictó sentencia la calidad (1-3).

Dos buenas respuestas de Bono y algo de barullo en la finalización cadista evitaron que los locales se adelantaran. Pombo lideraba a un equipo parapetado, bien organizado, un bloque que latía al unísono. Negredo abría huecos y la segunda línea pisaba el área visitante con peligro. Enfrente, el Sevilla se abandonaba a la magia de Ocampos y a la verticalidad de Suso, muy activo durante la primera mitad, pero incapaz de entenderse con En-Nesyri. El marroquí se mostraba desmañado, abúlico, como si aún cayera sobre sus hombros el peso de la culpa.

Lopetegui le había dado la titularidad, pese a que la defensa de Cervera pide a gritos un punta más estático, como De Jong, y no un delantero con necesidad de espacios como el ariete africano. La vanguardia nervionense chocaba una y otra vez contra los de amarillo, sin cintura ni intimidación. Un tiro de Óliver Torres en el minuto 28, tras un pase bombeado de Ocampos y un fallo descomunal de Rakitic, que solo y sin marca dentro del área remató blandamente y desviado, fueron las únicas ocasiones destacables de los nervionenses en la primera parte.

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