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Ferrán López, de pilotar con guante de seda el 155 a jefe de seguridad del Barcelona

Afable. Con mano izquierda. Capaz de tomarse un vino con sus acérrimos’ enemigos merengues. Pero, sobre todo, hombre de consensos en la parte más difícil, en la policial. Los celos y rencores entre cuerpos policiales son un clásico. Pero si a ese complicado condimento le introduces la situación política que se vivió en Cataluña, el ‘mejunje’ es claramente incomestible.

Si algo se puede decir de Ferrán López, el nuevo jefe de seguridad del Barcelona, es que es un madero (Mossos) desde los pies a la cabeza, acostumbrado a la gestión, con capacidad de mando y respeto entre un cuerpo con un alto índice de politización, con un sector potente orientado hacia el independentismo. Le ha tocado bailar casi siempre con la más fea. Pero, sin duda, su momento clave fue, cuando desde el Gobierno de Mariano Rajoy se dio un paso histórico, la aplicación del 155 y la intervención de una comunidad autónoma ante el reto de que se estaba planteando la ruptura del Estado. Y en ese momento, desde el Ejecutivo se optó por un hombre que siempre había levantado suspicacias, López, un comisario de los Mossos que había estado siempre a la sombra del Mayor José Lluis Trapero. López -hombre de diálogos y consensos- se había convertido en el mando policial que servía para templar muchas gaitas, para calmar las situaciones que el imperioso Trapero imponía, cuando las situaciones eran las más tensas entre cuerpos de seguridad del Estado. Y López tenía y tiene esa mano izquierda y derecha necesaria.

Pero esa cercanía a Trapero y el comportamiento de los Mossos, muy cuestionados desde el Ministerio del Interior con motivo del 1-O, despertaron suspicacias sobre la figura de Ferrán López, un hombre que ha desarrollado toda su carrera policial en este cuerpo autonómico, prácticamente desde su nacimiento.

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